jueves, 16 de abril de 2015

¡Premios!

Coaching con el Cerebro en Mente


¿A quién no le gusta recibir premios? Es siempre agradable que otra persona piense en mí para darme un premio, y, sí, me encantan, por eso cuando ví que Coral Páez, del estupendo blog El idioma de la Web me había nominado no a uno, sino a dos premios, pues os podéis imaginar mi alegría y agradecimiento. Los premios a los que me ha nominado son dos: Best Blog y The Versatile Blogger Award. Cuando empecé este blog hablando del Método Sedona nunca pensé que me darían un premio por él por eso la alegría es mayor.


La finalidad de estos premios es la promoción del compañerismo y dar a conocer otros blogs a nuestras redes, es decir, fomentar la colaboración.


El blog de Coral, El idioma de la Web es un imprescindible para cualquiera que quiera mantenerse informado sobre internet, tecnología, web 2.0 y Redes Sociales. El idioma que habla Coral es asequible, ameno, sencillo y claro, huyendo de circunloquios y yendo al grano en sus explicaciones.


Hay una serie de reglas para recibir estos premios, que son:

  • Incluir en un artículo la imágen del premio.
  • Mencionar y enlazar al blog que te lo ha otorgado.
  • Conceder el premio a otros 10 blogs y comunicárselo.
  • Contar algo sobre ti que no hayas contado.

Como parte del premio tengo que contar algo sobre mí que no haya contado antes, así que ahí va: soy adicta a los libros. Como es una adicción “sana” digamos que no he emprendido acciones para librarme de ella, pero sí que la tengo que mantener a raya, por eso tengo en este momento una cantidad de libro sin leer aún indecente, y ahí están, esperando con ojos tristes que termine los que están en la lista primero para poder ser abiertos.


Aunque compro libros electrónicos la mayoría de mis libros son de papel, he llegado a un compromiso conmigo misma ante el peligro de que los libros me acabaran echando de casa: si son de trabajo, y por tanto nadie más los va a leer y no va a ser un libro de referencia que use a menudo lo compro en formato electrónico, si no ¡bien! otro libro de papel más.


Y es que cuando voy a empezar a leer un libro me entra una emoción que no os imagináis: acaricio la cubierta, lo huelo (me encanta el olor de los libros nuevos) observo la portada, y antes de empezar a leerlo ya estoy encantada con la experiencia.
Claro, ¿como no voy a querer más libros? Y en los viajes de trabajo, con la excusa de los descuentos (qué ruina los aeropuertos ingleses con esos 3x2 y a veces 2x1 en libros) pues había que aprovechar. Menos mal que los viajes de trabajo han disminuido mucho. Y bueno, en los viajes de vacaciones como “no tengo nada para leer” en las estaciones o aeropuertos me compro uno, ya sólo un libro por viaje (o mi marido me echa de casa).


Dadas las características de estos premios entiendo perfectamente si alguien no quiere seguir las normas del premio, yo sólo quiero hacer mención a blogs que me parecen interesantes, de todas las temáticas y para todos los gustos y espero que les haga tanta ilusión como a mí.
Los nominados son:
Felicidades a los premiados.

jueves, 26 de marzo de 2015

Secretos Infalibles para crear y cambiar Hábitos


Metodo Sedona


¿Te has encontrado alguna vez queriendo cambiar un hábito y que te resulte difícil hacerlo? ¿Te ha pasado que cuando estás metido en el proceso de cambiar un hábito te has encontrado de repente haciendo el antiguo sin darte cuenta? ¿Cuántas veces has intentado cambiar un hábito?

Cambiar un hábito es una de las cosas que más intentamos y menos conseguimos. Mucha gente cree que es sólo fuerza de voluntad, y por tanto cuando no lo consiguen se dicen que no tienen voluntad, y abandonan. Y cuando nos rendimos sentimos una sensación de derrota muy desagradable, que además va a influir en el futuro cuando queramos cambiar algún otro hábito, porque es que “me falta fuerza de voluntad”, y sí, esa afirmación no te va a ayudar.

Veo (por Skype) todos los días a personas que han conseguido muchas cosas en sus vidas. Casi siempre están en los primeros escalones jerárquicos de sus empresas, o tienen el negocio que han querido siempre, o han conseguido hacer lo que siempre quisieron hacer. Sin embargo en todos hay una constante queja o dicen que no son constantes, o que no tienen fuerza de voluntad o que no se ven capaces de gestionar sus vidas (personal o profesional, o ambas) como les gustaría. Cuando empiezan a detallar sus logros, todos, invariablemente, tienen muchísimos más de los que se habían permitido reconocer. Incluso mujeres que se ocupan de su familia y no trabajan fuera, reconocen que el hecho de que sus hijos estudien, que sus casas estén siempre como a ellas les gusta, que su familia esté bien, es producto de sus esfuerzo personal que además se puede detallar en acciones individuales que producen ese efecto. Sin embargo de primeras no es lo que dicen. Es cierto que suelen ser personas con un alto nivel de exigencia, pero les cuesta reconocer lo que han hecho. Y todos hacemos mucho más de lo que parece.

Nuestros hábitos determinan nuestros resultados. Si tienes el hábito de preocuparte estarás preocupado la mayor parte del tiempo. Si tienes el hábito de ocuparte resolverás situaciones y problemas en lugar de perder tu valioso tiempo haciendo algo no productivo.

Somos resultado de nuestros hábitos, pero los hábitos son más persistentes de lo que nos gustaría cuando no son los que querríamos tener. Es fácil decir que hay que cambiar un hábito, lo que no es tan fácil es hacerlo, y no porque sea difícil en sí mismo, sino porque los viejos hábitos ya tienen su espacio hecho en nuestro cerebro, en forma de conexiones neuronales, las mismas que hacen que cuando hablamos otro idioma vengan fácilmente las palabras, a veces sin pensar.

Nuestro cerebro prefiere lo conocido, más que nada porque ahorra energía y empezar un nuevo hábito implica un gasto extra de energía, un esfuerzo mayor, por eso, cuando hacemos tareas rutinarias nos cansamos menos que cuando aprendemos algo nuevo. Por eso en cuanto nos descuidemos nuestro cerebro va a intentar que volvamos a lo conocido, a lo que hemos hecho siempre, buscando el camino de menor resistencia y menor gasto energético.

En realidad es un proceso de eficiencia, el cerebro deja así energía disponible para hacer frente a nuevos retos que encuentre excitantes.

¿Te gusta cambiar hábitos o costumbres? Seguro que no, pero sí quieres el nuevo


¿CUÁNTO TIEMPO HAY QUE SEGUIR UN HÁBITO PARA QUE SEA PERMANENTE?

Cuando empezamos un nuevo hábito tenemos que seguirlo haciendo durante al menos un mes, porque si bien es verdad que desde el primer momento, y tan pronto como en una semana, se pueden ver cambios en el cerebro, como comprobó el científico Pascual-Leone con resonancias magnéticas estará compitiendo con el otro hábito que ya tiene sus conexiones neuronales que ya más que caminos son autopistas, por lo que cuando vayas a hacer algo, tendrás la tendencia de coger la autopista antes que la carretera secundaria que supone el hábito nuevo.

Así, cuanto más uses el nuevo hábito más ancha y rápida será tu carretera secundaria, y si eres suficientemente constante tendrás una autopista nueva, y la otra, la del hábito viejo, se convertirá en la nueva secundaria. Y no hay un tiempo definido para convertir algo en un hábito.

¿Fácil de entender, verdad?



QUÉ PUEDES HACER

Ahora ya sabes el por qué.

El cómo, sin embargo, es distinto.

Encontrarás excusas para volver a tu viejo habito, como falta de tiempo, comodidad, rapidez, etc., pero piensa una cosa, si vuelves ahora a los viejos hábitos conseguirás perder tiempo a medio plazo, ya que cada vez que usas un viejo hábito estarás reforzándolo mientras que estarás perdiendo la oportunidad de construir el nuevo.

Puede que ganes ahora unos minutos pero en cómputo total estarás perdiendo tiempo.

¿Cuál es la buena noticia? Las excusas que encuentres para no seguir con los nuevos hábitos son sólo resistencia. Y como sabes que te vas a encontrar resistencia en el camino te puedes preparar para las excusas y obstáculos que vas a encontrar que te harán desviarte de tu auténtico objetivo.


POR QUÉ ES BUENO PARA TI EL NUEVO HÁBITO

Es decir, puede que decidas hacer submarinismo, o usar un nuevo método de gestión que parece muy útil, porque un amigo te dijo que es una experiencia fantástica que seguro te gustaría, y sin embargo cada vez que vas a hacerlo te encuentras con resistencia y toda clase de razones para no ir, para no pasar tiempo formando ese hábito.

Si te ves en esa situación plantéate cuáles son los beneficios reales que vas a obtener. ¿Seguro que te gusta hacer submarinismo? ¿O acaso lo haces porque está de moda o todos tus amigos lo hacen? ¿Es ese método de gestión tan útil como parece? ¿Qué beneficios te va a reportar?

A veces hacernos las preguntas correctas nos permite descubrir que aunque “todo el mundo” dice que algo es bueno, para nosotros no lo es. A mí me sienta fatal la lechuga (como a mucha gente) pero estuve muchos años comiéndola porque alguien dice que es “sanísima”, y no dejé de hacerlo (aunque de vez en cuando como porque me gusta) hasta que descubrí que no era tan sana, si no hubiera hecho caso a lo que decían y hubiera hecho caso a mi estómago habría ahorrado bastante tiempo, y también incomodidad.


ENCUENTRA TU POR QUÉ

Si quieres cambiar un hábito será por alguna razón, ¿qué tal si las escribes todas, las pones en un lugar accesible, como un post it o en tu Smartphone y así las puedes releer cuando estés tentado de dejarlo?

¿Cómo habrá mejorado tu vida cuando hayas cambiado el hábito?

Imagina que ocurre un milagro (es broma) y cambias la costumbre que quieres. ¿Cómo notarás que ha cambiado? ¿Qué será distinto?

La recompensa que obtengas por el nuevo hábito tiene que ser mayor que la que obtienes con el antiguo, o como mínimo igual, si no tu cerebro encontrará un modo de sabotearlo, a veces antes de que te des cuenta.

La voluntad es finita, es decir, tenemos unas dosis de voluntad limitadas para cada día, y se gasta, como se ha comprobado en varios estudios, y si hemos tenido que usar nuestra voluntad durante el día varias veces, al final del día puede que se te hayan acabado “las reservas” y por tanto te sea más difícil conseguir cambiar un hábito que a primera hora del día. Tenlo en cuenta para que administres tu cantidad de voluntad a lo largo del día.


ELABORA TU ESTRATEGIA

Si, por ejemplo, tus compañeros del trabajo van a tomarse unas cervezas al terminar, y tú acabas tan cansado que aunque querrías ir prefieres irte a casa y ver la tele, pero ves que apenas te estás relacionando con gente y lo más fácil para solucionarlo sería ir con tus compañeros al menos un par de días por semana ten en cuenta el trío:


DECISIÓN - RUTINA - RECOMPENSA

Decisión: Decidir el cambio de hábito, que es sustituir el sofá por las cervezas y socializar un poco.

Rutina: Sabes que cuando llega la hora siempre encuentras una excusa para no ir: es lunes, hoy ha sido un día duro, etc. Prevé soluciones a tus excusas, dile a uno o varios compañeros que vas a ir con ellos, y queda con él a la hora de la salida: nos cuesta decir que no a los demás, más si les hemos dicho nosotros que sí antes, lo que te saboteará tu deseo de autosabotaje  y cambiarás tu hábito más fácilmente.

Recompensa. Cuando pienses en el hábito que quieres cambiar ten a mano un post it o un recordatorio en el móvil de la recompensa principal y las colaterales que puedes obtener.


LO MEJOR PARA CAMBIAR UN HÁBITO

Usa Tu Imaginación. Algo que es muy útil es imaginar cómo te vas a sentir una vez hayas conseguido cambiar el hábito, las emociones que vas a sentir, las sensaciones, los pensamientos que vas a tener. Esto ayuda al cerebro a verlo como algo real, y recuerda, el cerebro no distingue entre lo que imaginamos y lo real, sin embargo, si imaginamos algo que nos produce satisfacción el cerebro va a prestar más atención a todo lo que pueda ser relevante alrededor del hábito, para ayudarnos a conseguirlo. Eso significa que mejorará tu capacidad para percibir cuando te alejas del hábito deseado y cuando te acercas a lo que te lo hace más fácil o alcanzable.


Rompe el Ritual. Cuando tenemos un hábito que queremos romper para sustituirlo por otro solemos tener rituales, acciones previas al hábito y que de alguna manera nos identifican con él, por ejemplo, si todos los días cuando te vas a tomar el café aprovechas para fumar y quieres dejarlo, cambia el café por otra bebida, o ve a tomarlo a otra hora, o busca una actividad que te produzca el mismo placer que  fumar y que puedas hacer en su lugar.

Francisco de Quevedo -  Cita

jueves, 5 de marzo de 2015

7 Sorprendentes Beneficios de usar la Empatía

Coaching con el cerebro en mente


Este lunes empecé a ver una serie nueva. Estaba entretenida, y además era muy realista. Se llama Los nuestros en el canal Telecinco de la televisión en España. A continuación había un programa sobre las Fuerzas Armadas españolas que ví entero. Realmente estaba bien hecho, me enganchó desde el principio, y  a pesar de que es una cadena que no suelo ver, reconozco que a veces hacen series que suelen estar bastante bien.


En un momento del programa salió una madre que lloraba mientras intentaba consolarse como podía ,y sabía, rezando, porque su hijo, un militar español, se iba durante seis meses a una de las zonas más peligrosas del mundo ahora, la frontera entre Israel y Líbano, zona que denominan de calma tensa, ya que cualquier incidente menor podía provocar una reacción armada por parte de cualquiera de los dos bandos.


El programa se grabó dos meses antes de que un cabo del Ejército español,  Francisco Javier Soria,  muriera cuando la calma tensa se rompió e Israel decidió disparar contra la posición en la que se encontraba este militar bajo mandato de la ONU. Claro, saberlo hace que la sensación de empatía y angustia por la madre de la que he hablado antes se haga aún más intensa. Ver como su hijo decía después, delante de su madre, que a él le dolía ver a su madre sufrir, y cómo la madre, tan generosa como sólo una madre puede serlo hacía de tripas corazón y con una sonrisa forzada le decía que ella iba a estar muy bien y él no tenía que preocuparse, me generó mucha más ternura y simpatía.


Seis meses sin un día libre. Todos los días son lunes, decía uno de los entrevistados ya en su destino en la frontera, en los barracones de la ONU. A otro le dice la reportera que tenía ojeras, y él contestaba “normal”. ¿Duermes poco? Sí, contestaba. Durante las guardias usan algo que se llama camas calientes, que significa que son usadas sucesivamente porque no hay camas para todos. Tienen que dormir vestidos, con las botas puestas por si tienen que salir, para lo que ponen un protector de la cama, para protegerla de las botas.


Salía también un anciano libanés que decía que él había nacido con esa zona en guerra y que se moriría con esa zona en guerra. Además decía una anciana que antes dormían con las puertas abiertas, pero desde que están los de ISIS al norte del país, tienen mucho más miedo y cerraban las puertas por si venían.


Vidas duras. Todas las del programa. Te hace poner en perspectiva tus preocupaciones diarias, minucias en comparación con los problemas de todas las personas que salían en el programa. Y sobre todo generan y me generaron mucha empatía, sentía parte de su dolor, sin dejarme sucumbir en él ya que eso ya no es empatía.


La capacidad de ponernos en el lugar de los demás es una característica profundamente humana y que nos distingue de los psicópatas cuya natural falta de empatía les impide disfrutar de esa capacidad de conexión con los demás. Cuando veía a esas personas en la tele, un padre, militar retirado, decir que estaba triste, y que los hombres también lloran sentía empatía.


Al ver llorar a esos niños y a las parejas y demás familia de los que se iban a un destino incierto que les condena a estar pegados a las noticias todos los días esperando que no haya pasado nada, al mismo tiempo, al sentir parte de su dolor, se siente cierta conexión con los demás que produce al mismo tiempo una sensación agradable, de unión y de complicidad casi, de querer de algún modo paliar ese dolor. Una sensación profundamente humana.


Porque para los que vuelven no se acaba todo al volver. Muchas de estas personas vuelven con estrés postraumático. En Inglaterra, mientras hacía mi programa de psicoterapia, pudimos ayudar y ver cómo otros ayudaban a veteranos de Irak, de Afganistán y de otros sitios donde Reino Unido ha estado en conflicto. Cuando estás haciendo de terapeuta tu posición es distinta a cuando ves a otra persona llevar la sesión. Cuando eres el terapeuta estás en modo ayuda, pensando qué técnica, qué herramienta puede ayudar mejor a esa persona, mientras le escuchas para ayudarte a decidir.


Cuando sólo estás presente en la sesión es distinto, como no estás concentrado en cómo ayudar el cerebro se engancha a la historia de la persona, se activan las neuronas espejo, y podías ver como todo el grupo, muchos de nosotros con años de experiencia en tratamiento de traumas, conteníamos la respiración e intentábamos no hacer ruido mientras nos secábamos las lágrimas pendientes de la historia de la persona y de su dolor. Un terapeuta, igual que un coach, tiene que tener empatía.


Afortunadamente las sesiones duraban poco, alrededor de una hora, o menos, porque en ese tiempo se desactivaba el trauma, pero oír cómo la persona describía que era incapaz de disfrutar con nada cuando pensaba en sus compañeros muertos, en mujeres, niños, en inocentes que veían sufrir y cómo sentían impotencia al querer paliar ese sufrimiento y no poder hacer lo que querían, no era fácil, sobre todo porque no te querías perder nada de lo que oías, a veces entre llantos que parecían los de un niño, y eran de un adulto que había visto de todo durante a veces 20 o 30 años, hasta que llegó un momento en que algo se rompió en su interior. Algo que rompió también su capacidad para dormir, pensar con claridad, contener el llanto, etc.


Además estas personas tienen tendencia a ocultarlo, para que no les aparten del trabajo, lo que les sumiría en un dolor aún mayor. Por eso, lo mejor era siempre cuando la sesión estaba terminando y veías el alivio, la sonrisa, la relajación y la paz en la cara de esa persona que una hora antes no podía evitar recordar el dolor. Eso nos generaba también muchísimo bienestar a los que la presenciábamos, miradas sonrientes se intercambiaban y una sensación de felicidad nos invadía a todos. Más empatía


Una de las cualidades que más se están requiriendo en perfiles de alta dirección en Estados Unidos es la empatía. La razón es que la empatía está claramente relacionada con el liderazgo y con la productividad aumentando ambos.


BENEFICIOS DE LA EMPATÍA


SEGURIDAD

La empatía nos hace crear vínculos con los demás, potencia la sensación de comunidad y de relación, lo que incrementa nuestra sensación de seguridad. Esta característica data de los tiempos en que vivíamos en cuevas y nuestra supervivencia dependía de la aceptación del grupo, razón por la cual cuando se hace bullying o mobbing los efectos sobre la víctima son muy destructivos. Pero también lo son para el resto del grupo que no es acosado.
Además, la empatía incrementa la sensación de confianza.


MENOR ANSIEDAD

Al centrar nuestra atención en alguien más, fuera de nosotros y nuestra realidad interna, baja el nivel de ansiedad y depresión, siendo más fácil salir de estos dos estados, además el flujo de oxitocina, la hormona del amor, que se genera al ser empáticos,, aumenta nuestra sensación de bienestar y con ella nuestra sensación de conexión y confianza.


COOPERACIÓN

La empatía contribuye a mantener e incrementar los niveles de cooperación en las organizaciones. Además mejora las relaciones con el resto del equipo.


AUMENTA EL LIDERAZGO

La capacidad de percibir lo que realmente está pasando en una organización está íntimamente ligada a la empatía, a la capacidad de ver más allá de lo obvio y ver qué es lo que está parando o afectando negativamente a las personas de la organización. Cuando las personas ven que están siendo entendidas, que se las comprende, aumenta su confianza y mejora la percepción de la otra persona, aumentando su liderazgo. Esta es una de las razones por las que las mujeres CEO son percibidas como más dignas de confianza que los hombres.


PRODUCTIVIDAD

Ayuda a las personas en las organizaciones a mejorar y sobresalir en su trabajo cuando los jefes son más empáticos.


MOTIVACIÓN

Ayuda a ver qué es lo que motiva a los demás, por lo que mejora la motivación al tener información que permite intervenir eficazmente.


SOCIABILIDAD Y APEGO

Aumenta ambas características haciendo los entornos y organizaciones más cohesionados y más fuertes.


CÓMO HACERLO


Sólo se requiere prestar atención a lo que las demás personas están diciendo y cómo lo están diciendo. Al principio si no tenemos práctica o estamos en una organización muy competitiva puede parecer un poco complicado, pero recuerda que “practice makes perfect” como dicen los anglosajones y que de forma natural estamos diseñados para ser sociables y crear vínculos con los demás así que es una tendencia natural, puede estar ahí escondida, pero está ahí.


Lo mejor de mi trabajo es poder ayudar a gente cada día. Cuando recibo un what’s up o un correo o una llamada de alguien que me dice cómo ha cambiado su vida y la de las personas que le rodean y que no saben cómo explicarlo porque no tienen palabras (esto es una constante) es como si me inyectaran alegría en vena. Me siento profundamente agradecida y profundamente satisfecha por poder hacer lo que hago, porque creo que tener la oportunidad de hacerlo es un regalo. Cada día doy las gracias por haber encontrado a las personas que me han guiado y enseñado a usar las técnicas que uso y a poner mi granito de arena en intentar que este mundo sea un lugar mejor. Sé que somos muchos los que de un modo u otro lo hacemos. Creo, de hecho, que cada vez somos más. Y las redes sociales ayudan a que sea y siga siendo así.

Mi enhorabuena a los militares y las familias que aparecían en el programa que he mencionado antes por tener la capacidad de sacrificarse por los demás y hacer lo que creen que deben hacer, a pesar de que a veces personas sin empatía no puedan valorar su esfuerzo, pero eso, es su problema, aunque uno menor a no tener empatía. 


jueves, 26 de febrero de 2015

Por qué no funcionan las charlas de Motivación





Aviso, aquí va una entrada larga…

¿Has asistido o visto alguna charla de motivación? ¿Cúanto tiempo te duraron los efectos?
Seamos sinceros, las charlas motivacionales son encantadoras, ¿a quién no le gustan? 

Durante unos minutos te hacen sentir mejor, te permiten ver otras perspectivas, te dicen cosas que a todos nos gusta oír, y la lista sigue, y además suelen ser cosas que son verdad. Son fantásticas para darte un empujoncito en un mal día o para hacer un descanso productivo durante la jornada laboral.

Sin embargo sus efectos duran menos que un chupa-chups en la puerta de un colegio. Es decir, no producen cambios significativos ni medibles en las organizaciones, porque no los producen en las personas.

La causa está clara, es la misma por la que a la gente que quiere dejar de fumar, o hacer más ejercicio, o ser más productivo y dejar de posponer tareas no lo hacen: el cerebro. Hasta hace unos 20 años no se sabía prácticamente nada sobre el funcionamiento del cerebro, e incluso cuando empezaron a extenderse los conocimientos sobre neurociencia no se veía la aplicación práctica que podían tener.

Hoy sí. Se sabe, por ejemplo que no hay nada que ejerza más poder sobre nosotros y nuestro comportamiento que las emociones. Se sabe que los pensamientos no tienen ningún poder ante las emociones. Se sabe que conocer los peligros o las ventajas de algo no necesariamente hace que cambiemos nuestro comportamiento. De hecho raramente lo hace. Puede funcionar y de hecho lo hace si no hay nada en nuestro archivo cerebral que contradiga la información que nos presentan.

Son las emociones lo que hace que cambiemos nuestra forma de actuar. Si algo nos da miedo vamos a evitarlo. Si algo nos gusta vamos a querer hacerlo. Por eso cualquier cosa susceptible de provocar placer puede causar una adicción, ¿sabes cuántos adultos son adictos al sexo online?

La auténtica motivación consiste en ser capaz de mantener un esfuerzo sostenido durante un período de tiempo razonable, suficiente para conseguir el fin que queremos o esperamos.
Motivación es ser capaz de mantener las emociones que nos impulsan hacia nuestros objetivos. Es decir, ser capaz de soltar las emociones que nos retrasan, que nos paran, por emociones que nos mantengan centrados en nuestras metas. Que nos ayuden a seguir adelante y a primar el resultado sobre el proceso, por incómodo o inconveniente que pueda ser.

Para ello se necesita la capacidad de identificar las emociones en el momento en el que se presentan y ser capaz de procesar las emociones, pero las charlas de motivación no cambian las emociones tanto como se requiere para producir cambios. Es decir, por un tiempo nos sentimos mejor, más positivos, más capaces de hacer cosas, pero cuando pasa un rato y empezamos a plantearnos lo que queremos hacer aparecen otra clase de emociones, las que están almacenadas en nuestro cerebro producto de experiencias y situaciones anteriores, es por esto por lo que las charlas de motivación no funcionan. Por la misma razón que las frases motivacionales no lo hacen. No quiero decir que sean inútiles. Yo las uso, antes y durante los cursos, y las sesiones, pero para reforzar, ya que si pensar en positivo fuera suficiente para sentirse bien no habría nadie que sintiera ansiedad, o tuviera problemas para hablar en público. Ayudar ayuda, pero no es suficiente.

Posiblemente estás pensando ahora en una charla o conversación motivacional en la que alguien dijo algo que aún recuerdas. Pero ¿acaso cambiaste algo significativo en tu vida después de oírla? ¿Cambiaste de trabajo, o de pareja, o empezaste a ser más productivo por unas palabras? Puede que sí…durante cinco minutos.

Porque ninguna charla motivacional cambia tus archivos emocionales, es decir el rango de emociones que sientes mayormente durante cada día, y que están intrínsecamente unidos a recuerdos de experiencias pasadas, y que aunque ahora ya no recuerdes las situaciones que originaron la emoción sigue estando ahí, para protegerte del peligro, porque tener miedo, para tu cerebro es peligroso, puede significar la muerte, ¿acaso no sentimos miedo cuando hay algún peligro de muerte?

¿Te he dicho antes que tu amígdala es estúpida, que no razona, que es como un puerto usb al que le pones un pen drive con información y no la analiza a ver si lleva virus y la acepta como una certeza?

Así que por mucho que te digan que tienes la capacidad de hacer muchas más cosas de las que crees, lo que te puedo asegurar que es verdad; y que si te esfuerzas por conseguir tus objetivos podrás conseguirlos y si no los consigues aún así estarás más cerca de ellos que antes, que lo es; y que eres más inteligente, creativo, productivo, superestupendo y fantástico de lo que tú crees, que también es verdad (también te lo aseguro), no podrás hacer cambios sustanciales y duraderos hasta que no engañes a tu cerebro lo suficiente para hacerlo, o más fácil aún, uses alguna estrategia efectiva que te permita eliminar esas emociones limitadoras. Y no necesitas saber la razón de la emoción, ni explicarla, ni justificarla, y mucho menos aún analizarla y repasar los detalles de la experiencia, eso sólo haría que la emoción se intensifique más aún, recuerda, nuestro cerebro cuando sentimos una emoción intensa nos vuelve estúpidos.

Una charla motivacional es motivación externa. La motivación externa dura poco porque no van a la raíz de la falta de motivación, no pueden acceder al auténtico lugar del que nace la motivación interna.

Los pensamientos no cambian las emociones, y por tanto no son capaces de cambiar la química de tu cerebro, pero las emociones sí pueden cambiar esa química y producir cambios físicos en el cerebro. Cuando sentimos amor por alguien nuestro cerebro se ilumina como un árbol de navidad, y una serie de hormonas, como la oxitocina empiezan a invadir nuestro cuerpo, cambiando nuestros pensamientos, pensamos en lo agradable que es sentir amor, en las sensaciones placenteras que tenemos cuando estamos con quien queremos, etc.

Es la dopamina la hormona que despierta o activa la motivación. De hecho un estudio encontró que las personas que tienen niveles bajos de dopamina tienen niveles de motivación bajos que hacen que trabajen menos para obtener un resultado que otras. ¿Buenas noticias verdad? Es decir, si tu motivación es baja no es culpa tuya, a pesar de lo que hayas oído por ahí, si no que tiene que ver con tus niveles de dopamina. Y lo mejor es que los niveles de dopamina se pueden cambiar.

En otro estudio publicado en el Journal of Neuroscience por profesores de la Universidad de Vanderbilt  se encontró también que los niveles altos de dopamina en la corteza prefrontal se correspondían con una mayor motivación, pero había otras personas, los no motivados los podemos llamar, que presentaban niveles altos de dopamina en un lugar del cerebro relacionado con la percepción de riesgos y las emociones. Es decir, en lugar de activar la motivación en las personas poco motivadas se activan las emociones (mira tú por donde) y la percepción del riesgo.

Pero es más específicamente en la amígdala en donde se almacenan las emociones negativas. Y por tanto su rol en la motivación es vital, ya que evita que cualquier pensamiento, curso o charla motivacional funcione. En la amígdala se encuentra la fuente indirecta de la motivación interna.

¿Qué es lo que se puede hacer para cambiar la motivación? Cambiar las emociones, porque cuando cambian las emociones, fundamentalmente el miedo, el miedo que algún proyecto te produce, el miedo a algo que te pasó en el pasado, el miedo a cambiar, cambia la percepción del riesgo, que básicamente produce miedo, y por tanto la resistencia a la acción será menor.
Esa intervención no tiene por qué llevar más de un par de horas en total. Y los efectos producidos serán que, al eliminar las emociones relacionadas con situaciones concretas empezarás a hacer más cosas y al hacerlas sentirte más satisfecho consigo mismo y más seguro, lo que hace que creciera el número de cosas distintas y nuevas que harías, en un mecanismo de auto-refuerzo (disculpadme el palabro pero no encuentro una expresión similar en español) positivo y por tanto tu motivación aumentara exponencialmente.


miércoles, 18 de febrero de 2015

El Sufrimiento es Opcional… cuando tienes las Herramientas adecuadas

dolor emocional, dolor físico



¿Qué opinión tienes de las modas? ¿Te gustan?

Las modas tienen cierto sesgo un poco cruel a veces ya que nos autoimponemos con tiranía lo que a veces no nos beneficia o queda bien.

Así que hoy vamos a hablar de moda. En concreto de la moda sobre las emociones de la que se oye hablar mucho últimamente.




NO ME GUSTA EL SUFRIMIENTO INNECESARIO

Lo que no me gusta es lo que ocurre a continuación. Seguro que comparto contigo muchas cosas, y seguro que la que más es que no me guste ver a la gente sufrir. Apuesto a que te horroriza ver a la gente sufrir tanto como a mí, por eso me molesta, me disgusta, ver cosas que causan o agudizan de manera gratuita el sufrimiento. Sufrimiento que veo todos los días en personas que se esfuerzan hasta el límite de sus límites y más allá, por superarlo y librarse de él.

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